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HISTORIA
La tradicional confitería
inicio su vida comercial como almacén en 1945,
cuando los hermanos Enrique y Carlos Forcioni abrieron
las puertas de su comercio en la esquina de Dorrego y
España.
En 1947decidieron trasladar el negocio a un lugar mas
céntrico; para ello, compraron el fondo de comercio
del almacén de Francisco Alemán, el cual
estaba ubicado en la esquina de Uruguay y Av. Bartolomé
mitre.
Una vez instalados en el nuevo domicilio, a los pocos
meses rematan toda la mercadería existente y cambian
de rubro comercial, así nació la “Confitería
Dorrego”; su nombre deriva del almacén.
Las masas finas, sandwiches de miga, confituras, pizzas,
postres, tortas, servicio de lunch y helados producidos
artesanalmente se destacaban entre las especialidades
de la casa elaboradas por Carlos Forconi, que había
adquirido el oficio de pastelero siendo empleado durante
largos años en otra famosa confitería local,
“La Reina”.
Enrique Forconi se encargaba de la parte comercial y administrativa
del comercio. En los fondos del mismo, los dueños
poseían su vivienda.
La confitería estaba ubicada estratégicamente
sobre la avenida principal de moreno de esos años
y a pocos metros del viejo cine Roma y, pocos años
mas tarde, del cine Monumental, siendo la cita obligada
de parejas y familias a la salida de las funciones cinematográficas.
Era otra época, con otros códigos, donde
no había televisión, ir al cine se convertía
en un acontecimiento familiar.

Se proyectaban tres películas
por función. Los viernes, sábados y domingos
eran días de estreno y los miércoles, “día
de damas”. Para ingresar al cine se formaban largas
filas de quienes en su gran mayoría eran clientes
de la confitería, cuya característica principal
era que estaba siempre colmada de publico.
En 1956, cansados de la intensa labor del importante comercio,
los hermanos Forcioni vendieron la confitería a Mario
Severini, primo de ambos, a quien convencieron de emigrar
desde Italia. Este se incorporo al plantel del personal
de la confitería y aprendió a elaborar los
exquisitos productos.
Severini suma un socio, Gerardo Castellani, también
italiano, con quien decide remarcar su nacionalidad, y bautizar
al negocio como “Confitería Roma”, la
que adquiere mayor impulso impuesto por sus nuevos dueños.
Los socios Mario y Gerardo se repartían las tareas;
el primero se encargaba de la pizzería y Gerardo
de la pastelería. Ambos heredaron al mozo, Roberto
cabrera, el que había ingresado a la confitería
en 1953 con los hermanos Forcioni. Conocido como “Cabrerita”,
llego a ser un personaje muy popular en el negocio.
En el recuerdo aun se mantiene la imagen del viejo edificio
de la roma, con sus amplios ventanales y puertas a las que
había que subir dos escalones para poder ingresar.
Los fines de semana, el salón estaba colmado y las
mesas en la vereda atestadas de gente. El olor de las pizzas
inundaba el lugar, los sanwiches de miga y las masas eran
una exquisitez reconocida por todos.
En agosto de 1980, los socios Severini y Castellani vendieron
el comercio y regresaron a su Italia natal. El nuevo titular
fue Renato Bartolucci, su actual dueño.
En 1988, a causa de la venta del edificio que Roma alquilaba,
esta debe mudarse unos metros mas allá sobre Bartolomé
Mitre; allí moderniza sus instalaciones, manteniendo
la exquisita tradición de sus productos.
En 1990, el viejo edificio de la confitería Roma
fue demolido.
Su dueño, Bartolucci, transformo al comercio en una
empresa familiar y, en septiembre de 2000, la tradicional
confitería se mudo a su actual domicilio, a pocos
metros de los dos anteriores, donde se destaca el lujo y
buen gusto de las instalaciones de su nuevo salón.

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